Yo soy bacán
Creo que, en el fondo de nuestro corazoncito, este es el pensamiento que tenemos muchos ecuatorianos, latinoamericanos, americanos y ciudadanos de este mundo.
A pesar de todos nuestros complejos y traumas personales, al momento de reflexionar y meditar sobre lo que vamos a hacer, muchas veces prevalece el “yo soy bacán, a mí no me pasa ninguna tontera” sobre una actitud mesurada y autorepresiva (pero necesaria a veces).
Pongamos algunos ejemplos, los nombres y fechas son totalmente ficticios, pero seguramente a alguna persona, más o menos a esa hora, le pasó algo parecido.
Guayaquil, 13 de Mayo del 2005. Ana María (nombres protegidos, por ser menor de edad) concluyó el seminario sobre sexualidad que impartieron en su colegio. Le hablaron del SIDA, prevención de embarazos, etc. Sin embargo, cuando su novio le propuso tener relaciones le dio vergüenza pedirle que utilice condón y pensó que no le pasaría nada. Obviamente, quedó embarazada.
Guayaquil, 17 de Julio del 2004. Dagoberto (a este le ponemos el nombre real, no es menor de edad) era un fanático de los Músicos Muertos: Jimmy Hendrix, Elvis Presley, Janis Joplin; sabía que todos ellos habían muerto, directa o indirectamente, por consumo de drogas, pero cuándo se la ofrecieron aceptó, porque consideraba que ellos no habían podido controlar la situación, pero como él era bacán, si iba a poder hacerlo. Actualmente está recluido en un centro para drogadictos.
Guayaquil, 23 de Agosto del 2005. Diósforo era un hombre felizmente casado, pero conoció a una señora joven, bastante atractiva, y empezó a “aproximársele”. Ella le contó su terrible drama: su esposo no la quería, le pegaba, le daba mala vida, nunca tenían relaciones, etc. Diósforito se enamoró de su inocencia y su terrible existencia. La tal dama tenía Sida y contagió a Diósforo y a su esposa. Todos ellos, personas leídas y escribidas, conocían del Sida y su acoso mundial, pero consideraron que a ellos nunca les pasaría nada parecido. Eran bacanes.
El asunto es que si reflexionamos un poco, nos ocurren muchos “accidentes” que pudiéramos evitar pensando un poco antes de actuar. A veces sólo es cuestión de planificación, y en otra, es cuestión de no dejarnos llevar por nuestros instintos sino pensar en las (terribles) consecuencias que podrían tener nuestros actos.
Pero por supuesto que ocurren accidentes: una bestia se pasó la luz roja y nos chocó, una mujer ligada quedó embarazada, nuestro esposo, amante fiel, resultó no ser tan fiel y nos contagió alguna enfermedad por ahí, etc. Pero existen muchas situaciones que pueden evitarse: si salimos soplados a las 9 de la casa para llegar las 9 a la oficina, hasta podemos ser nosotros la bestia que se pasó la luz roja y chocó al inocente mencionado al inicio del párrafo.
A estas alturas del partido, no creo que exista alguien mayor de 15 que no conozca de condones, perjuicios de la droga y transmisión del Sida, pero sin embargo . . .