Fomentando la ganadería desde la edad preescolar
Yo no tengo nada en contra de los concursos de belleza (no me interesa verlos, eso sí). Si una chica se siente feliz desfilando en bikini y con zapatos de taco en una gala nocturna (con aire acondicionado) en la que los demás asistentes están de terno o de traje largo, allá ella. Si algún porcentaje indeterminado de humanos sigue interesado los eventos relacionados a una elección de este tipo, no me atañe. Son personas adultas realizando actividades que les proporcionan satisfacción de algún tipo y que no le hacen daño a nadie.
Pero lo que mi mente no concibe son ... las madrinas escolares.
Debo poner aquí algunos antecedentes históricos: yo estudié en dos colegios en los cuáles JAMAS escogieron ninguna madrina para nada (y tampoco me pidieron jamás láminas escolares, pero eso es tema de otro post). Por eso me chocó mucho cuando fueron las olimpiadas en la escuelita de mis hijos y apareció cada grado con su ‘madrinita’. En esta tal escuela promovían las teorías modernas de que todos somos ganadores, de que cada niño debe recibir una medalla al menos por participar y cosas así (cosas con las que no estoy de acuerdo, porque se dan sólo en ambiente de laboratorio, lo que se debe hacer es preparar a los chicos para ganar y perder), (estoy desvariando en los paréntesis, ya me di cuenta). Decía: en las olimpíadas todos eran ganadores, excepto, claro está, las madrinas, porque de entre ese pequeño ramillete de bellezas sólo una salía electa como madrina de la Olimpíada. Ta tan.
Ahora mis hijos están en otro colegio (en primaria) y el procedimiento de selección de madrina es el siguiente: van dos niños designados a miraaaar a las niñas, y luego deliberan y escogen a la ganadora. Me pregunto, ¿cómo se sentirán esas niñas? Creo que como ganado. ¿Han ido a ferias ganaderas? Están ahí las vaquitas una junto a la otra, en una secuencia interminable de establos, mientras el jurado pasa y las mira una por una. En este caso las vacas están en mejor situación que las niñas, porque las vacas no saben que están siendo evaluadas por su talla, cachos, carne, garbo y otros dones más, y las niñas están conscientes que están siendo calificadas por su linda carita. Patético.
Todo esto fomenta en las niñas afán de querer “gustar”, de querer agradar por el físico. Es una promoción de la superficialidad. Y aquí también intervienen padres y demás familiares: "¡Pero como pudo ganar la Fulanita, si es una FEA! Tú, hijita, eres más bonita. Lo que pasa es que la mamá de Fulanita se pasa metida en el colegio y de seguro estuvo presionando para que su hija gane".
Y no, para los que lo están pensando, la solución no sería hacerle una pregunta a la madrina para ver si está a favor de la paz mundial, y con ello decir que hay evaluación de cerebro en este asunto.
