Se han gastado ríos de tinta, miles de palabras y cientos de bites indicando lo malo, degradante, sucio, bajo y vil que es el programa Mi Recinto. Distorsiona la imagen del montubio, convirtiéndolo en un tipo a veces sabido a veces medio gil, con un representante cuya principal ocupación en la vida es andar tirando mujeres (no lo digo yo, ese es el perfil del compadre Garañón).
Por otro lado, siempre escuchamos o leemos comentarios acerca de lo mala que está nuestra televisión nacional. Pues si, andamos mal.
Si bien se necesitan ideas nuevas, si es que ya existe alguna idea vieja, por la cual no hay que pagar franquicia a ninguna TV extranjera, pues ¡usémosla! Y más aún si la idea es nuestra-nuestra.
Estoy hablando del libro Cosas de mi tierra, de Jack the Ripper (José Antonio Campos, Guayaquil, 1968-1939). Su libro está formado por 39 relatos costumbristas, (9 meses de programa, a programa por semana) de campesinos y citadinos.
Los diálogos son fiel copia del original: “¿Entonces
er plátano es la maravilla
der mundo?”. El texto del narrador está en un castellano impecable, con una redacción fresca y agradable.
Y para confirmar que no hay nada nuevo bajo el sol, la mayoría de los textos terminan con una crítica o referencia al gobierno (en aquella época había dictadura y a la gente la mandaban presa a Galápagos), lo que confirma que en aquella época estábamos, y en la actual seguimos, fregados, por lo que hasta la moraleja sirve.
Veamos unos extractos, y tomen en cuenta, fueron escritos en
1929.
“- Tal es la costumbre, como tú sabes. El resultado de toda manifestación colectiva es la ruptura de todos los vidrios.
- Frente a nuestra casa vive un chino tendero, que exhibe baratijas en una gran vitrina, pero el sagaz asiático conoce ya tanto las costumbres del país, que al menor síntoma de agitación pública mete adentro la vitrina y atranca la puerta con un barra.”En este país el que tiene padrino se bautiza y nadie logra conseguir ningún carguito público sino es gracias a la laureada y nunca bien ponderada, palanca.
“Hubo un tiempo –ya remoto, amigos míos- en que no faltaban empleos vacantes. Ya no los hay ni en sueños. Sólo algunos ancianos, que viven todavía, recuerdan haber oído contar a sus abuelos que, cuando eran niños, se presentaban con frecuencia preciosos casos de destinos (cargos) desocupados al alcance cualquier ciudadano hábil: hoy la palanca lo ha invadido todo y vela delante de cada empleo como un gato en acecho”.
El ruido contamina, nuestro mal del siglo XXI.
“-Y a propósito de pitos, hija, te has fijado que esta es la ciudad de los pitos. Aquí todo el mundo pita. Pita el policía, pita el chofer, pita el guarda, pitan las máquinas, pita el heladero, pitan los vapores . . . y hasta han inventado el verbo pitear, por infringir la gramática”.
¡Las mujeres al poder! Así si andaría bien nuestro país. Ese es el grito de la mujer de hoy.
“- Ay vida mía, necesitamos a un Bolívar con faldas para que venga redimirnos. Yo te digo que el día en que haya una Gobernadora de la Provincia, una Intendenta, cuatro comisarias ... una Obispa, y desparezca, en fin, de los destinos públicos, el elemento masculino, que no da resultados, ese día comenzará la verdadera educación pública, que es la base de la organización social.
- Y los funcionarios cesantes, a dónde irían?
- A labrar la tierra, hija, para aumentar la producción y abaratar el arroz y el plátano”.No hay justicia, los jueces son unos corruptos que sólo están por el dinero.
“-Qué según lo que yo veo
y hey visto ya tantas veces,
los ladrones son los jueces
y la víctima es el reo!
Ar que más delitos tiene,
Si lleva la borsa llena,
enseguida lo presentan
Más puro que la patena”.Estamos sin gobierno, Lucio no gobernaba y todavía nos queda la duda de si Alfredo lo hace o no.
“- Ay, mi Guayaquil se va, amiguito mío, se va! Ya no es esto ni la sombra de lo que fue! Adiós recuerdos del tiempo viejo, adiós!
Y la pobre anciana, enjugándose los ojos, se me acercó mucho hacia mi y casi poniendo su nevada frente en mi hombro, me hizo bajo, muy bajito, esta pregunta:
- Dime, hijo, hay aquí Gobierno?
- Me partió la excelente señora! Miré al techo, escruté los cuatro ángulos de la habitación, di rápidas vueltas a la ala de mi sombrero, entre las nerviosas manos y, francamente, lo confieso para mi desdoro . . . no supe qué contestarle!