m Fátima postea: diciembre 2004

viernes, diciembre 31, 2004

Fin de año

En días como hay algunas personas comen uvas al dar las 12 campanadas (cada uva un deseo), otras se echan un vasito de agua sobre los hombros (la hermana de una amiga se echa una lavacara), otras salen con una maleta a dar la vuelta a la manzana, otras se ponen ropa interior amarilla (una amiga va a cambiar de color, porque hasta ahora no le ha servido de nada el calzoncito amarillo), muchas costumbres, cábalas y "nuevas tradiciones".

Yo no hago nada de eso, básicamente porque no creo que sirva para absolutamente nada. Por otro lado, el cambio de año nunca ha significado mucho para mí, sólo son quiebres que nos hemos inventado.

Pero últimamente estoy cambiando de opinión.

Un año, si bien es una agrupación de días inventada por el hombre (¿quién sabe el nombre del César que puso el calendario moderno, Gregorio?), es un período de tiempo que nos puede servir para medir nuestros avances. Debemos esforzarnos por ser cada día mejores, y eso no siempre es fácil. Si en el último año hemos sido la misma persona que en el año anterior, tenemos dos opciones:

1) hemos llegado al punto máximo de nuestra superación personal y en nuestra siguiente vida seremos un ser con alas y aureola, o nos convertiremos en un bicho miserable que deberá nuevamente dar la vuelta;
2) simplemente, ES QUE NO HEMOS MEJORADO nada.

Lamentablemente me debo ubicar en el segundo grupo. Nunca he hecho promesas de fin de año ni me he sentado a reflexionar cómo he sido en el año que termina. Esta vez será diferente. Y no lo será porque estaré meditando toda la tarde ni haciendo una listita en papel amarillo, sino porque hace como dos semanas decidí cambiar. Ser mejor en todo sentido, incluso en el laboral. Es por ello que me he alejado un poco del mundo cibernético, porque a veces descuidaba el trabajo por estar navegando. Pero creo que la idea tampoco es decirle chao al Internet, sino organizarme mejor para tener tiempo para todo, incluso para los buenos momentos que se pasa en este mundo virtual.

Y todas las noches pensaré acerca de cómo ha sido mi día y si efectivamente he mejorado algo. Creo que es un buen ejercicio que serviría para todos. ¿He sido amable con mi pareja? ¿He sido cariños@ con mis hij@s? ¿Les he dedicado suficiente tiempo? ¿He sido cuidadosa en mi trabajo?

Creo que cada persona armará sus preguntas de acuerdo a sus puntos débiles, pero es una buena manera de avanzar pasito a pasito.

El mundo fuera mejor si los políticos también se hicieran esas preguntas, pero estoy segura que Lucio se responderá que sí a todo, León pensará que él no tiene tiempo para pendejadas y Acdalá creo que juega al casino todas las noches y no tiene tiempo para pensar al llegar a su casa.

En todo caso, mejoremos nosotros.

lunes, diciembre 20, 2004

Indiferencia

Ayer andaba en la calle cuando ví un tumulto, gente corriendo, una amiga desde su carro haciendo señas a un patrullero, etc. etc. Me enteré luego que habían cogido a un ladrón y le habían dado con saña. Patada tras patada, el hombre llorando en el piso.

Esta historia es usual, cuando agarran a un ladrón le dan con fe y alegría. Y por supuesto, el comentario usual es: "y cuando ellos roban, ¿no empujan y arrastran también a mujeres embarazadas o viejitas?", "bien hecho, para que no lo vuelva a hacer". Y como que sí, ahora muchos pensamos así.

Pero, ¿es eso correcto? Por supuesto, sería un milagro que al tipo lo coja la policía, que lo meta en la cárcel, que el hombre en prisión medite lo mal que ha actuado, que trabaje en uno de los talleres de la penitenciaría, que aprenda un oficio y que salga a los 6 meses regenerado, pensando que jamás lo volverá a hacer, dispuesto a dar charlas en los colegios para evitar que otros muchachos vayan por la mala senda.

¿Los golpes harán que deje de delinquir? En todo caso, lo harán más cuidadoso la próxima vez a la hora de asaltar. Pero no nos desviemos del tema, yo quiero hablar de nosotros, no de él.

Por supuesto que no nos alegramos de que le den palo y no vamos a dar codazos a los mirones para poder ver como lo patean . . . ¿o sí nos alegramos, en el fondo o no tan fondo de nuestro coranzoncito? Yo tengo un conflicto, entre lo que pienso que es lo correcto (que no le peguen) y lo que realmente pienso (¿qué más se puede hacer?, ese infeliz no tendría problemas en acuchillar a alguien).

¿Pero a qué niveles estamos llegando? ¿Que un hombre sea una bestia justifica que se lo trate como bestia? Y . . . talvez sí. ¿Que un tipo sea una bestia justifica que nosotros también seamos bestias? Me parece que estamos volviendo a la época del circo romano y que la gente termina acomodándose para ver como castigan ejemplarmente a un ladrón.

¿Este tipo de justicia no es el que practican en esos bárbaros países orientales, dónde cortan las manos a los ladrones y lapidan a las mujeres infieles?

viernes, diciembre 10, 2004

Y hasta la vida diera por perder el miedo de tratarla a Usted

El gerente de una empresa anda un poco preocupado por las andanzas de uno de sus empleados, y contrata un detective para que lo siga. Días después, el detectiva presenta su informe: "Mire, al mediodía su empleado va a su casa, se acuesta con su mujer, toma su mejor vino, se fuma uno de sus cigarros y regresa a la oficina". El gerente se tranquiliza, porque no ve nada de raro en aquello. El detective le dice: "Disculpe señor, ¿lo puedo tutear?" El gerente se extraña por la pregunta, pero responde "si, claro, por supuesto". El detective le responde: "Entonces, te aclaro: al mediodía tu empleado va a tu casa, se acuesta con tu mujer, toma tu mejor vino, se fuma uno de tus cigarros y regresa a la oficina."

Como les he contado, ahora estoy en nuevo puesto, en otra oficina. En mi anterior trabajo, todos nos tutéabamos. Solo los más ancianos y venerables de la tribu merecían el sublime "Usted". Estos eran dos o tres.

En mi nuevo trabajo es todo lo contrario. Casi todo el mundo se trata de "Ustec". Esto me parece terrible, porque "ustesear" a una persona con la que hablo todos los días, a cada rato, me cae bastante pesado, a veces hasta se me enreda la lengua.

Por acá los títulos también son rimbombantes. "Te presento a la Ingeniera Fatima Acioly". ¡Pero no soy ingeniera! Soy Analista de Sistemas, a mucha honra, pero, lo más importante para mí, soy Fatima Acioly. No me gustan los títulos, por mí tratara a todo el mundo por su nombre y que me traten igual. Pero mi nueva zona la cosa es diferente.

Como en todas las cosas, siempre puede ser peor. Hay un tipo que a todas las mujeres las trata de "mamita". Arggg, odio eso. He tenido ganas de decirle que NO me diga mamita, que jamás lo vuelva a hacer, pero cada vez que lo llamo es para algo urgente y no puedo perder el tiempo hablando de pendej *piip. En todo caso, parece que me leyó parte del pensamiento, porque ayer ya no me dijo mamita, lo cambió por el sublime "mijita".

Hay otra señora, la amabilidad en persona, que me dice Fatimita. Está bien, si ella es feliz así, no me quita ni me pone nada. Pero ayer la mencionada señora envió un mail (con copia a gerentes, directivos y pueblo en general) diciendo: "Fatimita Acioly me indicó que ...". Que foco.

¡Seamos iguales! Y ahora confiesen, ¿cómo les gusta que los traten? ¿Lady? ¿Patrón?

miércoles, diciembre 08, 2004

Fatima Acioly y la Tierra de la Perdición

El titulo debió ser Fatima Acioly en la tierra y época de la perdición (navidad).

Hace un par de meses me cambié de oficina y de trabajo, aunque sigo trabajando para la misma empresa. En las oficinas en las que trabajo ahora se produce un evento extraño: todo el mundo cumpleaños todos los días. Es casi impresionante. Y no se trata de un cumpleañitos de feliz día y nada más, no, no, no, brindan torta, cola y cositas de picar. Sólo falta el arroz con pollo.

Si Marte se une con Saturno hay dos cumpleaños en un mismo día, lo que amerita algún evento especial. En el último combo-cumpleaños nos fuimos a comer a un chifa. Si bien por delicadeza yo sólo pedí un chaulafán de pollo, los demás comensales pidieron el menú para 12 personas, de forma que pudieron atracarse con sopa de champiñones, chancho a la por aquí, tallarín a la por allá y otros 3 platos más.

A la salida yo me sentía china, no pude comer ni la mitad de mi mega plato (¿estaré perdiendo poderes?) y de postre me comí un wantangcito. Me extrañó al llegar a la oficina ver que mis compañeros no habían llegado del chifa, pero luego me explicaron que se habían ido . . . ¡a comprar las cosas de picar para la celebración en la oficina, que sería dos horas más tarde! En la tal celebración no pude probar bocado, apenas una colita para no atorarme y unos borrachitos que estaban deliciosos.

Y la época de la perdición: Navidad. El negocio típico es la venta de panes de pascua. Como la competencia está dura, la modalidad ahora es dar muestras gratis de los productos. He comido muchas muchas muestras gratis. Por otro lado, en el jardín de mis hijos están con la novena. Todos los días un grupo de madres debemos llevar bocaditos, bebidas y un recuerdito.
Lamentablemente otra madre me ganó en la brindada de las colas, así que tuve que hacer el recuerdito. Finalmente no quedó tan mal, gracias a la intervención de mi señor esposo, quién impidió que los niños reciban un triángulo rojo emulación arbolito de navidad, al convertirlo en un simpático adorno para el árbol de navidad, al ponerle escarcha, un cordoncito dorado y un estuche.

Así que hoy a las 9h00 estuve comiendo negritos con cola. Y recién estamos 8.

Y ustedes, ¿qué han comido? ¿qué planean comer?

lunes, diciembre 06, 2004

¿Qué me importa?

Este post inicialmente iba a ser un post religioso (incluso lo tengo escrito), iba a tratar acerca de lo que me he dado cuenta últimamente: de que algunas personas tienen dos religiones: su religión suya propia, bajo la cual se rigen para la adoración a Dios, para la vida familiar, y la otra: la que se relaciona con el dinero.

Me explico: si se trata de dinero, mienten, si se trata de obtener algún dinerillo por ahí, aceptan algún trato que puede ser o no muy lícito, si se trata de ahorrar$se algún dinerillo, no tienen problemas en comprar objetos de dudosa procedencia o robar luz, agua, etc.

Pero luego me dí cuenta de algo: ¿a mí que me importa? La religión es algo personal y cada quién deberá vivirla a su manera, así como yo debo de preocuparme de vivir bien la mía, de acuerdo a mis principios.

Y para no dejar el asunto en medias tintas, decidí que era mejor ponerlo por escrito y abierto al público, para que cada vez que me entren ganas de criticar a cómo las personas viven su religión, pueda entrar a esta página y darme con el blog en la boca.