Primo X: ¡Hey, alguien dejó botados unos lentes sobre la mesa!
Prima A: De alguna cegatona han de ser.
Primo Y (que ronda los 65 años): Bueno, ya es la hora de comer. Discapacitados y tercera edad primero.
Prima A: ¡Si, los discapacitados primero!
Prima B: ¿Y tú tomaste en el cumpleaños, te emborrachaste?
Prima A: Claro, estaba plutísima, ya ni veía lo que tomaba.
Estos son fragmentos de conversaciones normales, que no tienen nada de especiales, excepto por un detalle, Prima A está ciega.
No nació así, tuvo una vida normal hasta los 26 años, enfermó y entró a una conocida clínica de la ciudad, donde no atinaron con su enfermedad, la operaron de apendicitis, dijeron una cosa, dijeron otra, al cabo de 2 semanas salió de la clínica. Estaba ciega.
Algunos años después se estableció que tuvo encefalitis, que bien tratada pudo haber sido curada. Su mal es irreversible. Han pasado 5 años de aquello.
Yo no sé que hubiera hecho si me habría ocurrido algo así, talvez habría enloquecido. Existen personas que ante la adversidad se rebelan, se engrandecen y luchan y se convierten en íconos de alguna causa, otras se deprimen y claman al cielo por su desgracia. Prima A no entra en ninguna de esas categorías: ella no demandó a la clínica, a la tierra y al gobierno por su problema, no entró en una crisis depresiva ni demencial, simplemente aceptó lo que le había pasado y continúo su vida, mantuvo su caracter alegre y festivo.
Por supuesto que cambió muchas cosas en su vida: aprendió a leer braille, se compró artefactos especiales para ciegos y no sale sola ni anda sola. Pero su comportamiento es admirable. Generalmente cuando estamos frente a una persona con un defecto físico procuramos no mencionar el tema y nos sentimos incómodos si alguien, sin querer, menciona el "problemilla". Ella no. Acepta su situación y si es de bromear sobre ella, bromea. Y la misma actitud ha asumido la familia.
¿Pueden imaginarse estar en una situación así? Los 26 años, toda una vida por delante: expectativas de ser una profesional, de
progresar en el trabajo, de casarse, de tener hijos. Expectativas de llevar una vida normal e independiente. De repente todo cambia, todos los planes se trastocan y todo el concepto que teníamos de nuestro futuro se altera.
Pero en este post no voy a hablar sólo de Prima A. Pensando en este tema, me di cuenta que muchos, en mayor o menor grado, en un momento dado nos vemos abocados a situaciones que cambian nuestras vidas. Muchos hemos pasado por un caso así: un evento que cambia la vida, que ocurre de repente o que va ocurriendo poco a poco, pero cambia todo lo concebido para el futuro.
¿Qué es un divorcio? Es un cambio en lo que se había planificado, en lo que se había dado por sentado: la familia, la crianza de los hijos, envejecer juntos. Y a veces llega de golpe y porrazo, casi sin aviso. Y a veces llega con el dolor de la traición.
Que fallezca un ser querido, alguien con quien siempre pensamos que iba a estar con nosotros, formando parte de nuestro
futuro. Ver cambiar a una persona que queremos, ver como un niño encantador se convierte en un joven desquiciado. Constantemente existen eventos que nos van cambiando la vida, a veces de manera agradable, a veces de manera muy desagradable, destrozándonos.
Y sin embargo la vida continúa. A veces es muy doloroso después de un golpe de estos. Dar un paso detrás de otro, sintiendo un dolor inmenso. Tener que levantarse, tener que trabajar, tener que comer y tener que existir, hacer las cosas casi sin pensar, con la consigna de que la vida continúa.
Creo que muchos tenemos un poco de Prima A dentro de nosotras. Finalmente, también somos personas que nos hemos sobrepuesto a una adversidad, que hemos luchado por mantener nuestro carácter y nuestros principios frente a cualquier situación. Todos somos admirables. Debemos sentirnos orgullosos de eso.